
26.2 es igual a 42.
42 es más imponente pero quizá el punto en el 26.2 hace que esta última se vea como más definitiva, más exacta cuando se piensa en lo que siginifica.
Me preguntan, -y cuánto corriste? Automáticamente contesto 26.2. Los que han vivido aquí entienden la distancia al momento pero los que están más acostumbrados al sistema internacional o métrico hacen la conversión en voz alta y responden como 4o kilómetros no? -42 kilómetros exactamente, les digo.
Hago todo el número porque me sirve para recordarme lo que representa esa distancia. Aún la gente que nunca la ha recorrido entiende que es grande, muy grande. Me sirve para reconocerme mi esfuerzo, algo difícil de lograr no sólo en mi caso sino como al ser parte de un sistema tan competitivo, ingrato e inhumano, donde sólo el triunfo absoluto es premiado y reconocido.
Paradójicamente, lo hago para entender que no es nada, que es sólo el principio y que el objetivo final, a reserva de ni siquiera exisitir, está muy lejos aún en tiempo y distancia.
Después de mis primeras 26.2 millas oficiales, quedan en mis pantorrillas, mis talones, mis pulgares, mis rodillas, mis talones y mis muslos, recuerdos de dolor, de emoción, de duda, de poder, de agradecimiento, de ilusiones y de responsabilidad.
Tengo flashbacks de cada milla. La gente apoyando, los mariachis cantando, los japoneses tocando los tambores, los corredores sufriendo, una cayendo y sangrando, las blondies gritando y sufriendo conmigo y a un lado, un ciego corriendo a mi ritmo, casi toda la carrera, hasta que se adelantó y lo perdí. Debió haber terminó una hora antes que yo.
Karla me empujó hasta que se cansó. A partir de la milla 20 la tuve que cargar. Las últimas 6 millas parecieron imposibles de terminar, topé con el muro y de pronto mis piernas se pegaron al camino.
Tengo una semana descansando y planeando la siguiente estación del maratón, esta vez en Nueva York. Organizando el entretamiento semanal para bajar mi tiempo a 4 horas.
Mi restaurant es un hecho. Aún estoy escribiendo el plan. Las tres opciones que tengo en mente por ahora son pescados y mariscos, fonda mexicana o este otro que le fusilé a mi primo y que cada vez me gusta más y que es un bistro con especialidad en comida east coast.
Hoy envié un menú ecléctico (ja, me encanta esta palabra de moda), con platillos chino, mexicano, francés y mediterráneo.
Me gusta experimentar. Al final, de eso se trata y por eso lo hago. Intento ya no seguir las recetas y hacer lo que me vaya saliendo. Hoy, la cocina en el mundo se parece cada vez más al arte, al cine, a la música y está encajonada en esquemas y convenciones.
Espero me compren este menú. Es el primero que cobro como se debe. Si se hace, le sacaré el 100 %.
Sólo quiero cocinar...
Y correr...